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Las empresas están obligadas a la auditoría energética

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Contribuir al ahorro energético también es una expresión de calidad

Las empresas tienen que enfrentar cambios si quieren mantenerse en la primera línea y ser competitivas. Entre los objetivos que han de plantear en sus agendas para cada ejercicio, tienen que aparecer los buenos propósitos en cuanto a sostenibilidad y reducción del impacto ambiental.

Para ello hay que recurrir a auditoria energetica empresas como medio para cumplir la ley. Porque la Unión Europea empuja a los países miembros a cumplir con una normativa en sostenibilidad, y por esa razón en España se aprobó por Real Decreto 56/2016, una medida que busca el ahorro y la eficiencia energética para alcanzar esos objetivos que marca la Unión Europea.

Una auditoría energética es un procedimiento que realiza un estudio del estado energético de un edificio. Detecta los factores objetivos que afectan al consumo, ayudando a comprender cómo se está utilizando la energía y cómo mejorar ese sistema.

¿Qué tipo de empresa pasa por una auditoría energética?

Principalmente las del sector de la industria, los establecimientos comerciales, empresas dedicadas a la construcción, y a servicios en general. La auditoría se ha de renovar cada cuatro años (2020 es año de fecha de renovación porque la normativa entró en vigor en 2016).

Cuando se trata de empresas de más de 250 empleados, con un volúmen de facturación superior a 50 millones de euros o un balance general mayor de 43 millones de euros, están obligadas por ley a pasar por una auditoría energética. No hacerlo supone una sanción económica.

Para el resto, las denominadas Pymes, no es una obligación pero sí una forma de demostrar que se trata de una empresa de primera y por la que se puede apostar, además de contribuir a un ahorro energético. De hecho, para cualquier empresa pública, universidad, etc. es obligatorio independientemente del número de trabajadores.

Parámetros a estudiar

Durante el proceso de análisis y evaluación se controlan por ejemplo aspectos como la iluminación, el agua caliente sanitaria, la climatización, ventilación o renovación del aire.

En una auditoría para diagnóstico general de los sistemas se analiza el 85% del consumo total de la energía final de la actividad; es importante medir en qué se consume energía y cómo, para a partir de ahí establecer un plan que suponga reducir el gasto.

Ese plan su puede desarrollar de dos formas: con un sistema de gestión energética o ambiental que incluya una auditoría energética que cumpla con los requisitos que exige el Real Decreto, o hacerse con los servicios de una empresa independiente y que esté homologada para ello. Además este tipo de empresas pueden ofrecer servicios extra como instalaciones térmicas o certificados de eficiencia energética en edificios.

Aminorar el consumo energético reduce además los costes de mantenimiento y de paso se adecúa a los criterios de eficiencia ambientales que la sociedad y las leyes reclaman.

Qué se persigue con la auditoría

Las auditorías deben estar basadas en datos medibles, según impone el Real Decreto, y los cálculos han de ser reales en cuanto a las posibilidades de mejora. Las empresas no tendrían que tomarlo como un mero trámite burocrático sino como una oportunidad de mejorar su eficiencia energética y sus infraestructuras. Porque realizar una auditoría energética puede suponer para las empresas un ahorro económico de hasta un 45% y ayuda a conocer el estado real de los sistemas.

Cualquier sistema que forma parte de la instalación de la empresa es susceptible de una mejora energética, determinando la actual huella de carbono o si se está desperdiciando energía, entre otros aspectos; para a partir de ahí establecer sistemas de mejora y adecuarse debidamente a la normativa de la UE.

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