La forma de tirar abajo una estructura ha dado un vuelco total. Ya no se trata de entrar con todo y armar un jaleo insoportable, sino de trabajar con una finura que parece casi de cirujano. Como nuestras ciudades no paran de renovarse, cada vez es más habitual tener que meterse en sitios minúsculos donde tienes a los vecinos pegados y no puedes permitirte que se mueva ni un ladrillo del edificio de al lado.
Tener a mano aparatos que te permitan controlar al milímetro lo que estás rompiendo es lo que salva las reformas en los centros de las ciudades, donde todo es antiguo y delicado. Gracias a los avances de ahora, quitar pedazos enormes de hormigón se ha vuelto algo mucho más ordenado y ágil.
La era de los robots en el corazón de la ciudad
Posiblemente, alguna vez has pasado por delante de una obra y te has sorprendido al ver máquinas pequeñas, controladas a distancia, haciendo el trabajo de diez hombres con una soltura increíble. Estos robots de demolición han supuesto un antes y un después en las reformas urbanas, pues su tamaño compacto les deja entrar por puertas estándar y subir en ascensores, algo impensable para la maquinaria pesada tradicional.
Al manejarse por control remoto, el operario se mantiene siempre fuera de la zona de peligro, evitando accidentes por desprendimientos o la exposición continua a vibraciones que dañan las articulaciones a largo plazo. Por otro lado, la precisión que alcanzan estas unidades permite que se trabaje en el interior de locales comerciales o bloques de pisos sin molestar apenas a los vecinos ni poner en riesgo la estabilidad del resto del inmueble.
El ruido se reduce al mínimo y el control sobre los escombros es absoluto, facilitando una limpieza mucho más ágil de la zona de trabajo. Utilizar soluciones avanzadas como las que distribuye Anzeve garantiza que los proyectos cumplan con los plazos más exigentes, gracias a que su catálogo incluye tecnología puntera diseñada específicamente para los retos más complicados del sector.
Corte con diamante: silencio y exactitud milimétrica
Cuando el reto consiste en modificar estructuras sin que el resto del edificio se entere, las técnicas de corte con hilo o disco de diamante se vuelven indispensables en cualquier proyecto serio. A diferencia de los martillos neumáticos que golpean una y otra vez generando ondas de choque, el diamante corta el hormigón armado como si fuera mantequilla, dejando acabados perfectos que no necesitan retoques posteriores.
Resulta fascinante ver cómo se pueden seccionar pilares o abrir huecos para escaleras y ascensores sin que aparezcan grietas en las paredes de los pisos de arriba, algo que antes era un auténtico dolor de cabeza para los arquitectos. Siguiendo con los beneficios de esta técnica, el uso de agua durante el corte elimina por completo las nubes de polvo que suelen invadir las calles durante un derribo convencional.
Lograr un ambiente de trabajo más limpio favorece la salud de los trabajadores y evita que las partículas en suspensión dañen sistemas de ventilación o maquinaria delicada que pueda haber en las cercanías. La inversión en este tipo de maquinaria especializada se recupera rápidamente al evitar daños colaterales y quejas constantes de la comunidad de propietarios.
Hacia una construcción mucho más sostenible y limpia
Hoy en día, si una empresa no se toma en serio qué hace con los escombros, lo tiene muy crudo para salir adelante, sobre todo porque las leyes con el tema del medio ambiente se han puesto bastante duras. Usar máquinas que trabajan con tanta puntería ayuda un montón a separar los materiales desde el minuto uno.
Así, puedes ir apartando el metal, los trozos de hormigón y el resto de materiales sin mezclarlo todo, lo que hace que luego sea mucho más fácil mandarlo a reciclar y aprovecharlo de nuevo. En lugar de generar una montaña de escombros mezclados, se obtienen fracciones limpias que pueden volver a entrar en el ciclo productivo, reduciendo el impacto ecológico de la obra de forma muy significativa.




