Uno de los inconvenientes paralelos a los experimentos de crear técnicas de geoingeniería son los obstáculos legales que determinan metódicamente la presencia de los países de la región.
Aunque no hay conocimiento de la existencia de una ley ambiental en ninguna nación de Latinoamérica que se haga cargo de la creación e implementación de la geoingniería como tal. Únicamente Brasil ha creado regulaciones con relación a las estrategias como la plantación de nubes.
Aunque, desde 2010, son convenios globales que restringen la implementación de métodos de geoingeniería a nivel mundial. Actualmente, el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) ligado a las Naciones Unidas patrocinó una prórroga para pedir a los gobiernos que no permitan la realización de las actividades de geoingeniería gracias a que no se conocen sus posibles consecuencias ante el clima y en la variedad biológica, asimismo de que varias de ellas no han conseguido ser eficaces, ni seguras.
Prohibición de cualquier actividad que involucre la fertilización
En el 2010, el Protocolo de Londres patrocinó una enmienda donde refleja la prohibición de cualquier actividad que involucre la fertilización de los mares, es decir, utilizar micronutrientes como el hierro para retener dióxido de carbono (CO₂).
Sin embargo, estos convenios internacionales existen, poseen un carácter más de representación que de exclusión con consecuencias jurídicas. Asimismo, parte del discurso general, en cambio, climático, no deja a un lado el desarrollo de geoingenierías, sino que plantea explorar sus peligros. Así lo indican ciertos especialistas durante la reunión de la COP23, que se realizó en Bonn, Alemania, en el 2017.
Los peligros del cambio climático son grandes, los peligros de no hacer nada serían fatales, pero los peligros de la geoingeniería igualmente son monumentales. Se debe explorar esos peligros, porque ¿quién sabe?, si se llegaría a que el mundo sobrelleve otros riesgosos sin comprenderlo. Los peligros de la geoingeniería no se perciben bien y deben investigarse apropiadamente, expresó Hugh Hunt, integrante del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Cambridge.
Aunque hasta el momento son escasas las investigaciones fundamentadas en modelos climáticos, que valoran este tipo de tecnologías que en un futuro podrían afectar de forma negativa a varias naciones de la región, al cambiar sus patrones de temperatura, reproducción y lluvias, impactaría en la biodiversidad natural década ecosistema.
Un artículo publicado en el 2013, se aprecia las advertencias de las técnicas de Manejo de la Radiación Solar, las cuales podría cambiar los ciclos hidrológicos de forma general y en especial la precipitación en América Latina disminuirá en un 6%, con mayores daños en la zona amazónica, el norte de Sudamérica y América Central.






