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Un buen divorcio es posible con un previo consenso amistoso de las partes

El truco principal para que una separación no derive en conflictos posteriores es hablar desde el respeto y consensuar un buen equilibrio entre los intereses de ambos cónyuges ante un hecho tan trascendental

Ser parte de la resolución del conflicto. Esa es la principal premisa. ¿Por qué? Es fácil, si alguien piensa que sus criterios se han hecho valer en una situación tan definitiva y drástica como es un divorcio, en cierto modo, habrá impuesto parte de su criterio y, por tanto, puede comenzar una nueva etapa sin lastre alguno.

Aunque llegar a ese momento de tranquilidad y equilibrio es complicado, es lo que se recomienda a todo matrimonio que, en un momento, decide optar por el divorcio. No obstante, existen pasos previos como la separación, así como terapias de parejas que pueden ayudar a mejorar, e incluso a reconducir la decisión.

No obstante, lo mejor que se puede hacer si se determina que lo mejor es emprender caminos separados es utilizar una serie de trucos antes de divorciarse para facilitar, en todo caso, el nuevo panorama vital que se presenta. 

¿Qué se debe hacer ante un divorcio?

La premisa principal ya se ha expuesto: el diálogo, el consenso y el equilibrio entre partes. Todo ello es preciso. Eso no quita que existan algunos conflictos que haya que resolver o que no aparezcan desavenencias, por todo ello, lo mejor es acudir, siempre, a un abogado experto en este tipo de trámites. Es más, para agilizar y mejorar la negociación, lo bueno sería que ambos cónyuges apostasen por el mismo letrado.

Eso supone, tanto un ahorro de crédito, como no tener que buscar el conflicto, sino el diálogo y la mediación. Que una sola persona sea neutral pero conocedora de cada parte hará que estas lleguen a mejores acuerdos. En la actualidad, gracias a la agilidad de los divorcios express por tan solo 150 euros por persona es posible tramitar un divorcio.

Lo que hay que tener claro antes de tomar la decisión definitiva es saber si se está de plena conformidad. Después habrá que saber qué hay en juego y en conflicto y, por último, saber que si se tienen hijos la cosa se complica un poco más.

No obstante, tomado el consenso, hay que seguir avanzando en la tramitación para que se haga bajo los preceptos y parámetros más garantistas y equilibrados.

Los divorcios a los 40, ¿qué encierran?

A cualquier edad, tomar la decisión de romper un matrimonio no es fácil. Sin embargo, por regla general, separarse a los 40 lo que nadie te cuenta es el enorme vínculo que te ata a la otra personas: hipoteca, pagos de créditos, letras, hijos, deudas… Por tanto, se dificulta el hecho de llegar a consensos.

Además, es una etapa de la vida en la que los cónyuges están en su plenitud tanto física, como mental. También es una década en la que laboralmente se puede alcanzar el techo más productivo. Por eso, hacer sacrificios es más difícil.

Por supuesto, el reparto de las obligaciones generará más conflictos. Pagar la casa a medias cuando ambos siguen pagando una hipoteca, mantener dos viviendas, el uso de la casa familiar si uno rehace su vida… En definitiva, es complejo por los muchos vínculos emocionales, pero también patrimoniales que se tienen.

Todas esas razones hacen pensar que lo mejor, en estos casos, es llegar a acuerdos, solicitar ayuda profesional y sentirse parte de la resolución. En todo ese camino, hay que determinar un reparto justo de los gananciales, pero también de las deudas y gastos que suponga lo que se queda a medias; porque es lo justo y compensar a la parte que, por supuesto, se queda más perjudicada tras el acto de divorcio.

Para concluir, decir que los divorcios están a la orden del día, por eso, hay profesionales que están acostumbrados a lidiar con esa situación y sabrán apoyar a los cónyuges la mejor toma de decisiones.