El precio de los carburantes, que incrementa los gastos de transporte, los costes de la energía, el alto precio de las materias primas y un mercado, cada vez más globalizado, son factores que determinan los precios de los productos alimentarios que se ponen a la venta pública; por esas razones, tras la inflación económica y la subida monetaria de la cesta del mercado se están explorando mecanismos como la compra directa de productos hortofrutícolas a los productores, sin intermediarios
La actual crisis de los mercados generada por la inflación derivada está, especialmente, por la subida desmesurada de los carburantes y los precios energéticos, ha agudizado las estrategias para hacer que ese incremento del precio que se aplica a los productos finales obtenidos del trabajo en el sector primario se vea mitigado. La obviedad marca que los seres humanos se tienen que alimentar varias veces al día, por esa razón, el incremento del precio de los alimentos supone una tensión para muchas familias que se encuentran en situación de precariedad económica. Así pues, los agricultores y ganaderos, a través de diferentes fórmulas, están buscando dos objetivos principales; por un lado, que les sea rentable la producción en la que han invertido y, por otro, que el consumidor no sea la víctima final de la inflación que, mirándolo bien, no beneficia a ninguno de esos dos vectores.
Por todo ello, si existe un sector agrícola en España que se ha visto muy afectado por esta situación es el aceite de oliva. Siendo el país el primer productor mundial de este oro líquido, desde luego, también han visto peligrar la producción de aceituna, así como la de sus productos derivados, motivo, el anterior, por el que esta cooperativa aceite de oliva ha unido sus fuerzas para promocionar la venta directa al consumidor, ya que de esta manera se abaratan los procesos y, por tanto, se pueden ofrecer precios mucho más competitivos que los que establece el mercado generalista. La principal ventaja, aquí, es evitar la ganancia de intermediarios y el alto coste que supone el transportar la materia prima y el producto, puesto que eso repercute en el precio de venta final.
El AOVE es un imprescindible en la dieta mediterránea.
Pocas mesas y cocinas de España prescinden de este producto de altísima calidad y de grandes bondades, tanto culinarias como saludables. Pues, el aceite de oliva virgen extra (AOVE) posee tras de sí siglos de tradición, un tejido productivo potente y unos agricultores entregados a su cultivo que después, una gran red de almazaras, convierte en lo que es, un manjar. Sin embargo, una gran cantidad de esos productores llevan décadas formando parte de cooperativas con la intención de unificar gastos y beneficios ofreciendo productos de una calidad extrema y a precios muy competitivos. La gran ventaja de comprar aceite de oliva directamente en cooperativa consiste en que el primer y el último afectado por la inflación de los precios, es decir, productor y comprador, tengan un trato comercial directo y, por tanto, el AOVE tenga también una salida al mercado más asequible. En cualquier caso, la unión de los olivareros en cooperativas ha salvado, en gran parte, las dificultades que, en no pocas ocasiones, existen entre los productores, con más atención de aquellos que lo hacen de manera tradicional, en vez de intensiva; mención merecen aquí los dedicados al olivar de montaña y sus dificultades para la recolección de la aceituna. Por tanto, al unificar costes y beneficios, las cooperativas se hacen vitales para la subsistencia de muchas familias y pequeños agricultores que se dedican al sector aceitero.
Las cooperativas al rescate de las explotaciones tradicionales
En España existen incontables ejemplos de cooperativas que han servido y sirven para rescatar sectores productivos, especialmente del sector primario, con la adquisición comunitaria de herramientas y elementos que benefician a los productores. Concretamente, haciendo referencia al sector del aceite de oliva, podemos destacar la labor de la Sociedad Cooperativa Andaluza Nuestra Señora de la Salud, que llevan desde 1965 garantizando el cultivo tradicional de olivos, así como de su recolecta en las diferentes variedades de aceitunas en la provincia de Córdoba. La Denominación de Origen de Baena es la que certifica la calidad de esta unión de pequeños y medianos agricultores que defienden la tradición de siglos en la elaboración de este producto apreciado en todo el mundo.






